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lunes, 1 de julio de 2013

LA GRAN PANTALLA RECLAMA PRODUCTOS ENDÓGENOS

Venezuela contribuye al mundo del séptimo arte, pero aún no cuenta con una subvención clara que ayude crecer

Con la reciente convergencia en cartelera de una comedia, “Nena, salúdame al Diego”, y una película de época, “De navíos, ron y chocolate”, la audiencia venezolana se pregunta si se trata de un movimiento de diversificación del cine nacional o una mera coincidencia.

El concepto “cine venezolano” y las palabras “violencia” y “barrios” parecen tener un nexo indisoluble más en la psique del venezolano que en la realidad. Se han visto iniciativas en los últimos años de largometrajes criollos pertenecientes a géneros poco convencionales, pero que no han sabido romper con tal inseparable conexión.

Es un estancamiento que ha acosado a cualquier movimiento cinematográfico fuera de la esfera hollywoodense. Hubo un momento en que el cine español se encontró en una situación de categorización similar, nos cuenta Bárbara Méndez, estudiante de último año de Artes Audiovisuales en la Universidad de Navarra, España.

“El cine español tiene un componente del que carece el venezolano. Es un cine que históricamente ha sido financiado por las televisoras privadas y públicas, lo que alienta a la realización local. Además siempre ha estado ligado a artistas de la talla de Salvador Dalí” declara Méndez. También califica como otro factor influyente la existencia de los premios Goya, conocidos como los Oscar de España, en donde resultan ganadoras algunas películas independientes que rescatan este tipo de realización.

En Venezuela, apartando iniciativas pequeñas o que están en su fase de génesis, no hay un fondo claro de subsidio y mucho menos una premiación de tal magnitud que ayudaría a impulsar la creación en suelo local. A esto se le suman problemas de distribución que imposibilitan el conocimiento de las películas que sí logran ser realizadas en Venezuela. Méndez declara que por más que le han llamado la atención títulos, no los ha podido encontrar en España o en ninguna plataforma web.

Aunado a esto, existen pocas escuelas de cine y está claro que para hacer cine de calidad, hay que generar un equipo creativo y técnico lo suficientemente calificado y competente como para producir un fruto idóneo.

Pero a pesar del escenario presentado, no todo está perdido para los que quieren crear séptimo arte hecho en casa, Méndez afirma que las películas españolas gozaron de tanto éxito “por la misma predisposición del público español a cerrarse de influencias externas y americanismos”, pero ahora se está globalizando y existen más colaboraciones con Hollywood. Esto es algo malo, pero ayuda a resaltar algo sobre la propia cultura venezolana. A pesar de aquel fatal vínculo de cine venezolano y barrios, las salas se llenan y los films pasan semanas y semanas en cartelera, lo que denota un interés clave.


La conocida Villa delCine está auspiciando un grupo de óperas primas de diferentes temas, de la que forma parte “Nena, salúdame al Diego”, y se han creado dos nuevas escuelas de cine este año. Puede que resulte ser un proceso lento, pero al parecer el cine criollo está en camino de preparación para formarse y delinearse como movimiento.


Por Andrea Orellana

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