Venezuela contribuye al mundo del séptimo arte, pero aún no cuenta con
una subvención clara que ayude crecer
Con la
reciente convergencia en cartelera de una comedia, “Nena, salúdame al Diego”,
y una película de época, “De navíos, ron y chocolate”, la audiencia
venezolana se pregunta si se trata de un movimiento de diversificación del cine
nacional o una mera coincidencia.
El concepto
“cine venezolano” y las palabras “violencia” y “barrios” parecen tener un nexo
indisoluble más en la psique del venezolano que en la realidad. Se han visto
iniciativas en los últimos años de largometrajes criollos pertenecientes a
géneros poco convencionales, pero que no han sabido romper con tal inseparable
conexión.
Es un
estancamiento que ha acosado a cualquier movimiento cinematográfico fuera de la
esfera hollywoodense. Hubo un momento en que el cine español se encontró en una
situación de categorización similar, nos cuenta Bárbara Méndez, estudiante de
último año de Artes Audiovisuales en la Universidad de Navarra, España.
“El cine
español tiene un componente del que carece el venezolano. Es un cine que
históricamente ha sido financiado por las televisoras privadas y públicas, lo
que alienta a la realización local. Además siempre ha estado ligado a artistas
de la talla de Salvador Dalí” declara Méndez. También califica como otro factor
influyente la existencia de los premios Goya, conocidos como los Oscar de España, en donde
resultan ganadoras algunas películas independientes que rescatan este tipo de
realización.
En Venezuela,
apartando iniciativas pequeñas o que están en su fase de génesis, no hay un
fondo claro de subsidio y mucho menos una premiación de tal magnitud que
ayudaría a impulsar la creación en suelo local. A esto se le suman problemas de
distribución que imposibilitan el conocimiento de las películas que sí logran
ser realizadas en Venezuela. Méndez declara que por más que le han llamado la
atención títulos, no los ha podido encontrar en España o en ninguna plataforma
web.
Aunado a
esto, existen pocas escuelas de cine y está claro que para hacer cine de
calidad, hay que generar un equipo creativo y técnico lo suficientemente
calificado y competente como para producir un fruto idóneo.
Pero a pesar
del escenario presentado, no todo está perdido para los que quieren crear
séptimo arte hecho en casa, Méndez afirma que las películas españolas gozaron
de tanto éxito “por la misma predisposición del público español a cerrarse de
influencias externas y americanismos”, pero ahora se está globalizando y
existen más colaboraciones con Hollywood. Esto es algo malo, pero ayuda a
resaltar algo sobre la propia cultura venezolana. A pesar de aquel fatal
vínculo de cine venezolano y barrios, las salas se llenan y los films pasan
semanas y semanas en cartelera, lo que denota un interés clave.
La conocida Villa delCine está auspiciando un grupo
de óperas primas de diferentes temas, de la que forma parte “Nena, salúdame al
Diego”, y se han creado dos nuevas escuelas de cine este año. Puede que resulte
ser un proceso lento, pero al parecer el cine criollo está en camino de
preparación para formarse y delinearse como movimiento.
Por Andrea Orellana






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