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lunes, 1 de julio de 2013

ESTÁ EN WIKIPEDIA Y TÚ NO LO SABES

Todos los caraqueños están especialmente orgullosos de verse resguardados por la imponencia del Ávila. Este cerro ha inspirado a artistas de toda índole y es la razón por la cual la ciudad es llamada “valle”

En esta época de modernismo, la sociedad está acostumbrada a admirar las proezas que produce el esfuerzo humano. Y Caracas no carece de ellas: la Ciudad Universitaria, el Paseo Los Próceres y otros monumentos que hacen a los ciudadanos añorar las tiranías de antaño. Pero ninguna de estas maravillas ha inspirado tanto arte como el Ávila, una obra de la naturaleza cuyo esplendor el hombre quiso tomar prestado al llenarla de carritos voladores.

Se podría decir que cada poblador y artista tiene su Ávila propia. El Ávila de Cabré, un español que quedó prendado por el majestuoso monte o hasta el Ávila de Ilan Chester. Pero actualmente, reina un Ávila superficial, con lo irónico que pueda parecer acuñarle este término. Amas de casa con ropa deportiva incómodamente ajustada caminan hasta Sabas Nieves para “hacer ejercicio”. Adolescentes emperifolladas que intentan forzar una casualidad y encontrarse al excandidato a la presidencia, entre otros.

Pero existe un Ávila diferente. Para las personas más aventureras que prefieren caminar a que un carrusel de metal los lleve a la parte turística, existen diferentes opciones. Muchos de los habitantes de la ciudad desconocen la existencia de las ruinas de unos antiguos fortines y castillos instalados por los españoles en el siglo XVI. Usan a la montaña como refugio y pocos son los que llegan a husmear. Como fueron erigidos contra la paranoia pirata, de algunos se puede ver el mar y pernoctar escuchando el oleaje lejano mientras se tirita de frío debería ser una experiencia caraqueña por excelencia.

Estas edificaciones fueron restauradas parcialmente en los años ochenta, pero debido al desconocimiento e indolencia no se han vuelto a mencionar y siguen deteriorándose mientras todos engullen fresas con crema y pagan ante la falsa ilusión de una pista de hielo extinta.
Un personaje inherente a este Parque Nacional es el Dr. Gottfried Knoche o el momificador del Ávila. Sí, un momificador como de faraones y pirámides. Este médico alemán emigró a Venezuela y era conocido por sus pacientes como benevolente y bondadoso. Pero lo que pocos sabían es que se llevaba los cadáveres que no fueran reclamados en la Guerra Federal a la Hacienda Buena Vista de Picacho de Galipán e intentaba detener el proceso de descomposición inyectándoles un suero especial que él mismo creó.



El rumor de este suero mágico se regó y fue a parar a sus manos el cuerpo de Francisco Linares Alcántara, ex presidente de Venezuela. Tomás Lander, fundador del periódico El Venezolano fue una de sus momias a quien decidió sentar en su despacho donde permaneció 40 años hasta que alguien prudente reclamó que le fuera dada sepultura. Su esposa, hijas y por último él fueron convertidos también y sepultados en un mausoleo que aún permanece. Pero está vacío. Después de que la hacienda y el mausoleo fueron abandonados, entusiastas de la fórmula misteriosa robaron los cadáveres petrificados y ahora quedan las ruinas de lo que fue esta peculiar historia.

Aunque estas construcciones fueron fabricadas por el hombre, están tan deterioradas y olvidadas que pasan a ser parte del ecosistema. Resulta insólito que hasta Wikipedia decida retratar la historia del Dr. Knoche al referirse al Ávila y muchos vecinos que se jactan día a día de su pulmón vegetal no tengan idea de su existencia. Conviene entonces crear un Ávila tuya, que no solo sirva para tener un mejor cuerpo de bikini sino para que nutra racionalmente el sentimiento patriótico por Caracas.


Puedes ver el documental sobre el Dr. Knoche que realizaron unos estudiantes de la Universidad Monteávila haciendo CLICK AQUÍ

Por Andrea Orellana


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